Las leyendas urbanas y las teorías de la conspiración siempre han estado muy presentes en el imaginario colectivo, algunas sin ningún tipo de fundamento como poner en duda la llegada a la Luna, las teorías de la Tierra plana o cosas más graves como que las vacunas causan autismo; otras sí dejan dudas a más de uno, como el asesinato de Kennedy o los ataques de falsa bandera; y otras forman parte de las leyendas míticas de cada zona, como la Santa Compaña en Galicia o el Chupacabras en Argentina.

Tenemos que admitir que muchas de estas teorías conspirativas están muy bien estructuradas (muchas de ellas aderezadas con conceptos científicos descontextualizados) y para aquellas personas con poca preparación científica, pueden ser muy sugerentes, cayendo fácilmente en ellas. Un nuevo estudio, publicado en Journal of Experimental and Social Psychology, apunta a una de las posibles causas de por qué cada vez más hay un mayor número de personas que no solo se creen dichas conspiraciones, sino que las defienden a ultranza: la exclusión social.

El estudio, que se dividió en dos partes, encontró que el sentimiento de desasosiego que experimentan ciertas personas al sentirse excluido de su ámbito social cercano puede hacer que busquen un sentido diferente a su vida en historias carentes de verdad, ya que podrían encontrar en estas historias y en los que apoyan dichas teorías, un nuevo entorno social en el que sentirse integrado.

En la primera fase del estudio participaron 119 personas, compuesta por 4 tareas. Primero se les pidió que escribieran sobre un evento reciente desagradable con algún amigo. Luego se les enseñó una lista con 14 emociones diferentes, en las que se incluía el sentirse excluido, para que puntuasen el grado que sentían acerca de su vida social. En tercer lugar tuvieron que completar un cuestionario que contenía 10 declaraciones, marcando si estaban de acuerdo o no (usando una escale de siete puntos, desde “absolutamente falso” a “absolutamente verdadero”) que contenían frases como “estoy buscando un propósito o misión para mi vida” o “he encontrado un propósito de vida gratificante”. Finalmente, los participantes tenían que indicar el grado de respaldo que les daban a tres diferentes creencias conspirativas (también en una escala de siete puntos, de “nada de acuerdo” a “completamente de acuerdo”): “Las compañías farmacéuticas retiene curas por razones económicas”; “Los Gobiernos usan mensajes subliminales para influir en las decisiones de las personas”, y “Los casos del Triángulo de las Bermudas constituyen evidencias de actividades paranormales.”

Tras analizar los resultados de esta primera prueba vieron que a mayor exclusión social, mayor puntuación se daba en las creencias supersticiosas, y que se correlacionaba con una mayor búsqueda de objetivos en la vida. Aquellos que están excluidos, pueden empezar a preguntarse por qué lo están, lo que hace que comiencen a buscar un significado nuevo a sus vidas; esto les lleva a sentir apego por ciertas creencias conspirativas. Esta tendencia no se observó en aquellas personas que sí marcaban altas puntuaciones en aceptación social y en objetivos de vida asentados.

En la segunda fase del estudio, se reclutaron a 120 estudiantes de la Universidad de Priceton. En una primera tarea, se le pidió a cada participante que elaborase dos pequeñas redacciones, una sobre lo que significaba ser él mismo y otra sobre el tipo de persona que quería ser. A continuación se le decía que dichas redacciones serían dadas a otros dos participantes que tendrían que decidir si lo elegían para trabajar con ellos o no. Estos sujetos eran seleccionados aleatoriamente para estar o bien en el grupo de inclusión (seleccionados para colaborar en una tarea), bien el grupo de exclusión (no seleccionados para la tarea) o bien en un grupo de control (sin instrucciones), siendo este proceso de selección engañoso, ya que los participantes no evaluaban las descripciones de otros, sino unas descripciones creadas por los investigadores. Para finalizar, todos los participantes hicieron las mismas fases que en el primer estudio, para medir cómo la exclusión social se liga a la aceptación de teorías de la conspiración.

Esta segunda fase del estudio replicó los resultados de la primera, los del grupo excluido y del grupo de control marcaban casi idénticas puntuaciones que los participantes de la primera parte del estudio que se sentían excluidos y sin objetivos vitales definidos.

Aunque este estudio solo muestra relaciones y establecer causalidades categóricas es bastante atrevido, sí se une a la idea ya asentada desde siempre en otros ámbitos sociales y demográficos: a mayor exclusión social y económica, mayor ignorancia y, recordemos, en la ignorancia viven los populismos, las religiones, las creencias mágicas y las acientíficas, que pretenden sacar provecho de una población que busca algo a lo que agarrarse.

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