El detector de mentiras se ha convertido en un icono cultural y mediático de nuestra sociedad (con apariciones en cine y TV), sin embargo su veracidad ha sido cuestionada desde la comunidad científica desde siempre. El físico Robert Park comentaba en una ocasión de forma irónica que “el polígrafo descubre incrementos abruptos en el ritmo cardíaco, la presión sanguínea y la sudoración. Por lo tanto, esta máquina es un detector muy fiable de orgasmos. Pero, ¿detecta mentiras? Sólo si uno está fingiendo un orgasmo.

Fue el catedrático en la Universidad de Harvard, William Moulton Marston, quien desarrolló en 1915 el primer “detector de mentiras”, realizando mediciones de la presión sanguínea. En 1938 Leonardo Keeler, del departamento de policía de Berkeley (California) perfeccionó el detector, se añadieron mediciones de sudor, ritmo respiratorio, ritmo cardíaco y conductividad cutánea, surgiendo el nombre de “polígrafo” para el medidor de todos estos fenómenos. La teoría, sin base científica, es que esos valores fisiológicos cambian debido al conflicto psicológico que ocasiona decir una mentira.

¿En qué consiste?

El interrogatorio no consiste únicamente en lanzar las preguntas y medir las respuestas. Una examinación típica incluye una fase anterior a la medición, en la que se explica al interrogado dicha técnica y se hacen revisiones en las preguntas. Esta entrevista pre-test está diseñada para que el sujeto entienda las preguntas, pero también para inducirlo a una preocupación acerca de mentir ya que a menudo se incluye un test de simulación, que viene siendo una demostración de la eficacia del polígrafo a la hora de detectar el engaño.

Hay varias técnicas de interrogatorio usadas en los polígrafos. La más extendida en investigaciones criminales es el Test Control Question (CQT). El CQT compara respuestas a las preguntas relevantes (tipo “¿disparó usted a su esposa?”) con las respuestas a las preguntas de control; las preguntas de control están diseñadas para controlar el efecto amenazador que las preguntas relevantes tienen en los sujetos. Las preguntas control tratan de indagar en la honestidad de las personas (tipo “¿Has traicionado alguna vez a alguien había confiado en ti?”). Una persona que está diciendo la verdad se presupone que teme más a las preguntas de control que a las preguntas relevantes, ya que están diseñadas para incrementar la preocupación del sujeto al ser preguntado por su honestidad en el pasado, mientras que las relevantes preguntan sobre un crimen que ellos saben que no cometieron.

Un patrón de mayores respuestas fisiológicas a las preguntas relevantes que a las de control, nos lleva a un diagnóstico de engaño. Si la respuesta fisiológica es mayor a las preguntas de control, estamos ante algo veraz. Si no se hayan diferencias relevantes, el resultado es inconcluyente.

Otra alternativa a este procedimiento es el conocido como Gulty Knowledge Test (GKT), con preguntas de múltiple elección sobre algo que solo el culpable puede saber; por ejemplo “¿Fueron 500€, 1000€ o 5000€ lo robado?”, la alternativa correcta provocaría una mayor reacción fisiológica si el sospechoso conoce la respuesta, por lo que si opta por una alternativa diferente, estaría mostrando un engaño. Con un número suficiente de opciones, se podría desarrollar una evaluación psicométrica sólida. GKT ya no es muy empleada por dos motivos, primero porque implicaría conocer detalles muy concretos del caso y en segundo lugar porque concluir que no está mintiendo también podría indicar simplemente falta de conocimiento y no de inocencia.

¿Tiene algún tipo de evidencia?

Como mencionamos al principio, la exactitud de los polígrafos ha sido muy controvertida. En primer lugar no hay evidencia de ningún tipo de patrón fisiológico para la mentira. Una persona honesta puede estar nerviosa a la hora de responder con honestidad mientras que un mentiroso no tiene porqué estarlo. Los estudios llevados a cabo al respecto no validan la habilidad del polígrafo para detectar la mentira.

Uno de los principales problemas de las investigaciones con el polígrafo es que sus resultados no muestran una diferencia entre los efectos parecidos al placebo (las creencias del sujeto en la eficacia del proceso) a la relación real existente entre la mentira y sus respuestas fisiológicas. Es decir, al sujeto le puede parecer que el polígrafo sí funciona, lo que puede llevarlo a confesar o estar más nervioso al ser interrogado; desde este punto de vista, el polígrafo no sería un detector de mentiras, sino un detector del miedo.

En 2003 el National Research Council estadounidense (una división de las Academias Nacionales de las Ciencias) llevó a cabo un estudio en el que se concluía que el polígrafo carecía de los resultados de seguridad necesarios y que existía un gran peligro de producir falsos positivos, especialmente en aquellos colectivos con grandes estigmas y prejuicios sociales, que eran especialmente vulnerables a caer en el nerviosismo y miedo durante el proceso.

Casos famosos de personas que han pasado la prueba del polígrafo hay a montones. Espías como Aldrich Ames que fue un doble agente ruso que se infiltró en la CIA y pasó las pruebas polígraficas, u otros espías como  Karl Koecher (en los años 1980), Ana Belén Montes (en el año 2000), o Leandro Aragoncillo (en 2005).

Los defensores del polígrafo argumentan que ellos no descubren mentiras, sino que lo único que hacen es medir las diferencias entre cómo responde la gente honesta y la gente mentirosa a las preguntras relevantes y a las preguntas de control; luego lo analizan en un proceso complejo, y en base a esas comparaciones, los examinadores pueden determinar las probabilidades que tiene un sujeto de estar mintiendo

¿Quién usa el polígrafo?

En España, el uso del polígrafo en juicios y programas de seguimiento de delincuentes es casi inexistente como prueba (suponemos también que los Servicios de Inteligencia y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado tampoco las usan). En Estados Unidos la cosa es más compleja, porque cada estado es libre de usar aquellos métodos que consideren oportunos, por eso en algunos tribunales sí se admite como prueba y en otros no (19 estados lo admiten si fiscal y defensa están de acuerdo) aunque no como prueba inculpatoria, sino como parte de la estrategia de la defensa. Los servicios de inteligencia como la CIA y otros de seguridad como el FBI también emplean el polígrafo en sus interrogatorios y también es empleado para monitorear el compromiso de los adscritos a los programas de  rehabilitación de delincuentes sexuales.

Pero quizás, el uso más sorprendente, sea el que le dan las empresas para sus entrevistas de trabajo y evaluaciones de sus empleados; en EE.UU es una práctica más que común y en España también hay empresas que ofrecen este servicio a compañías y particulares. Pero esto no nos debería de sorprender demasiado; es sabido que muchas empresas en su departamento de Recursos Humanos emplean la grafología (la capacidad de descifrar la personalidad de alguien en base a su escritura) como una herramienta más a la hora de seleccionar personal, una actividad que se enmarca en el grado de pseudociencia también, ya que no hay ni una sola prueba ni estudio científico que valide la grafología como un método válido para desentrañar la personalidad de nadie.

Así que podemos concluir que la poligrafía está muy bien para programas de farándula, pero que pasar o no pasar tal procedimiento no prueba que seas o no un mentiroso.

Artículos consultados:

The one thing you need to know to pass a polygraph test de Business Insider

Do Polygraph Tests Actually Work? de Priceonomics

A review of the current scientific status and fields of application of Polygraphic Deception Detection de la British Psychological Society.

The Truth About Lie Detectors (aka Polygraph Tests) de la American Psychological Association

Página de la Psicografía en la Wikia de la Pseudociencia

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