Los deportes de lucha están en auge. Las artes marciales mixtas (MMA) se han popularizado con el paso de los años y el boxeo sigue siendo un deporte popular entre los más jóvenes tanto a  nivel amateur como profesional. Los nombres de Mayweather, Pacquiao o McGregor ya son habituales a nivel mediático.

A menudo vemos imágenes de combates de boxeo o lucha mixta bastante impactantes. Gente sangrando, ojos hinchados, patadas en la cabeza que dejan al oponente inconsciente en el suelo y hasta alguna que otra muerte sobre el ring. Pero este artículo no trata sobre las lesiones fisicas o súbitas en el propio ring, sino de las lesiones neurodegenerativas que se producen en el cerebro a lo largo del tiempo.

A todas estas lesiones producto de la práctica de estos deportes de contacto se les llamó en un principio el “Síndrome del puñetazo”, poco después “Demencia pugilística” y  ahora es conocido como Encefalopatía Traumática Crónica (CTE en inglés). Esta enfermedad neurodegenerativa se ha hecho famosa no precisamente por el boxeo, sino por el fútbol americano (la película Concussion de Will Smith trata precisamente sobre esto).

Un estudio publicado en 2014 en el Journal of Sports Medicine afirmaba que un luchador de MMA sufría un traumatismo cranoencefálico en casi un tercio de los combates. Analizaron más de 844 combates (2006-2012) en los cuales, la mitad de los K.O. eran producidos por golpes en la barbilla (85% de puñetazos y el resto por patadas); además, un sujeto ya inconsciente en el suelo recibía, de media, unos 2,6 golpes más en el suelo hasta que se paraba el combate (el 90% en la cabeza).

En otro estudio, investigadores de la Cleveland Clinic IRB decidieron observar el cerebro de algunos luchadores y comprobar algunas de sus funciones cognitivas y motoras: 224 luchadores profesionales (131 de MMA y 93 boxeadores, de edades comprendidas entre 18-44 años, con una media en la lucha profesional de 4 años y con un promedio de 10 combates) fueron los voluntarios.

Todos los participantes se sometieron a un escáner por resonancia magnética (fMRI) para medir el volumen del cerebro durante cuatro años. En cada prueba los investigadores probaban la memoria verbal, la velocidad de procesamiento, las habilidades motoras y los tiempos de reacción. Luego, los investigadores calcularon para cada atleta un marcador de exposición de lucha o FES, que combina la duración e intensidad de las carreras de cada boxeador y que puntúa de 0 a 4.

Cuando cruzaron los datos de las resonancias con dichos marcadores descubrieron que aquellos luchadores que marcaban un 4 en la escala FES eran un 8,8% más lentos en el procesamiento que aquellos cuyo marcador del FES era 0; además, a mayor marcador, menor volumen cerebral, sobre todo en las áreas del tálamo (ligado a la consciencia y a la toma de decisiones) y del núcleo caudado (responsable del movimiento voluntario).

Un boxeador profesional puede ejercer una fuerza en cada puñetazo de 3.427 Newtons (se necesitan 3.200 Newtons para romper un ladrillo), y una patada de un luchador de MMA puede ir a más de 200km/h y ejercer una fuerza de 600kg.

Qué le pasa al cerebro con cada golpe

Dentro del cerebro, la materia blanca (una parte del sistema nervioso central compuesta de fibras nerviosas mielinizadas y que actúa como un retransmisor y coordinador de la comunicación entre las diferentes regiones del cerebro) es la que más sufre. Esta estructura gelatinosa al recibir un impacto pone presión en las fibras, lo que puede ocasionar que se rompan, causando un daño tanto a corto como a largo plazo, ya que el tejido cognitivo dañado hace que se filtren las conocidas como proteínas TAU, que se van acumulando con el tiempo y que son la firma características del CTE, entre otras enfermedades neurodegenerativas.

La capa de líquido que rodea al cerebro permite absorber un choque menor, pero cuando este golpe es demasiado fuerte, este espacio permite que el cerebro se agite, haciendo que el tejido blando se golpee contra la estructura ósea. Esto puede causar un shock, hematomas, hemorragia y la muerte súbita.

Qué es exactamente la CTE

La CTE afecta a gente con un historial de traumatismos y golpes continuados en la cabeza, un grupo que incluye desde víctimas de violencia doméstica a deportistas profesionales. Afecta al cerebro causando pérdida temporal de memoria y lentitud de movimientos al principio, a medida que la enfermedad progresa, las capacidades cognitivas como la memoria, el juicio, la planificación o la organización fallan; se producen modificaciones en el comportamiento como apatía, depresión, ira, agresividad y pérdida del autocontrol; también problemas motores como lentitud de movimientos, temblores y cierta parálisis facial. El problema principal de esta enfermedad es que no se empieza a desarrollar completamente hasta varios años después de retirarse de la práctica deportiva.

Obviamente que no todos los boxeadores desarrollan esta enfermedad, pero su incidencia en este grupo está bastante bien estudiada. Los estudios al respecto señalan que el 20% de los boxeadores desarrollan CTE, sin embargo, neurólogos como Dick Swaab alertan de que no necesariamente los boxeadores tienen que presentar la CTE completa, sino que pueden desarrollar algunos de estos síntomas u otras enfermedades neurodegenerativas (él dice que el 80% de los boxeadores desarrolla algún tipo de neurodegeneración, incluyendo CTE, Parkinson, etc.) producto de la exposición continuada a los traumatismos

Uno de los grandes problemas que tiene el boxeo es que, a diferencia de otros deportes como el fútbol americano, hockey, baloncesto, etc. el monitoreo médico es muy bajo o casi inexistente incluso entre los profesionales.

A nivel profesional, los boxeadores se han dado cuenta de estos problemas y han tomado cartas en el asunto, muchos se pueden permitir un mayor control médico, cambiando determinadas pautas en su carrera, como reducir los combates al año y mejorar los entrenamientos. Pero, ¿qué pasa con todos los boxeadores que no son profesionales, pero que compiten y entrenan y se llevan los golpes en combates semi-profesionales, locales, regionales, etc. y que no tienen los medios económicos para costear esta supervisión? Pues que apenas hay estudios sobre ellos, pero los que hay indican resultados similares a los anteriores: un estudio sueco analizó el líquido cefalorraquídeo de 14 boxeadores ‘amateurs’ suecos (11 hombres y 3 mujeres de 22 años de media) entre siete y 10 días después de un combate, se les sometió a otra revisión tres meses después y compararon los datos con 10 hombres sanos que no eran boxeadores; los investigadores observaron que los niveles de las proteínas TAU era elevados, siendo significativamente mayores en el caso de los boxeadores que habían recibido más de 15 golpes en la cabeza o habían experimentado algún desvanecimiento.

¿Y qué pasa en otros deportes donde el cerebro recibe algún tipo de impacto?

Para que nos hagamos una idea, un jugador de fútbol americano recibe entre 30-50 impactos por partido. Un centro tecnológico de Virginia midió estos golpes y los comparó con los sensores que se activan en los airbags. En sus mediciones más de la mitad eran de 30Gs de fuerza, pero llegó a medir hasta 130Gs (un accidente más o menos grave en coche ejerce una fuerza de 120G). La National Football League (la liga profesional de fútbol americano) se ha hecho cargo del problema tras lloverle las demandas de víctimas y familiares por culpa de estos daños cerebrales y ha iniciado planes de seguimiento para mejorar el control de estos impactos.

Quizás el fútbol americano es, tras el boxeo y el MMA, el deporte que más estudios ha dedicado al CTE, mientras que en el resto de deportes hay pocos estudios al respecto, solo conocemos casos muy concretos de gente que ha muerto y ha donado su cuerpo a las investigaciones, así como algún estudio aislado. Este es el panorama en otros deportes:

  • La Federación Estadounidense de Fútbol prohibió que los niños menores de 11 años golpeasen el balón con la cabeza. En fútbol hay ciertos estudios que indican que también se podría relacionar cierta pérdida de capacidades cognitivas e incluso demencia producto de los cabezazos al balón, pero siguen estando en pañales a falta de una mayor implicación de las autoridades futbolísticas en este aspecto.
  • En rugby, solo el neurólogo Willie Stewart llevó a cabo un estudio en 2013 con jugadores de rugby de los años 50s y halló casos de CTE, para él en cada torneo de 6 Naciones, uno o dos jugadores acabarán sufriendo algún tipo de daño cerebral en el futuro.
  • En hockey sobre hielo hay decenas de casos confirmados de CTE, pero las ligas profesionales no quieren indagar muchos sobre el tema.

Y este oscurantismo es porque se enfrentarían a un pago tremendo de indemnizaciones y de investigaciones, que pondrían en riesgo un negocio suculento. Si a los jugadores se les dice que hay un riesgo elevado de sufrir trastornos mentales a los 10 años de retirarse, en la negociación de los convenios colectivos podrían exigir la inclusión de medidas para evitarlo y que saliesen del bolsillo de los dueños de las franquicias (el deporte profesional en USA no es como en Europa, y la negociación entre franquicias y deportistas se hace mediante convenios en los que se reparten los ingresos). En Europa es sorprendente la poca relevancia que se le presta a los riesgos que tienen los deportistas y apenas hay estudios serios al respecto, dejando a lo deportistas tanto profesionales como amateurs en una ignorancia sobre los riesgos que conlleva practicar determinados deportes.

Bibliografía relacionada:

The spectrum of disease in chronic traumatic encephalopathy

Neurological consequences of traumatic brain injuries in sports

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