Suecia presume de ser uno de los iconos de la igualdad de género y de la protección a la mujer. Tiene una de las mayores políticas igualitarias del mundo, nunca ha bajado del puesto 4 en The Global Gender Gap Report que mide la igualdad económica, política, educativa y sanitaria de los países del Forum Económico Mundial desde 2006; el 44% de su parlamento son mujeres; casi dos tercios de los graduados universitarios son mujeres, etc. Sin embargo, mientras Suecia vive en un paraíso igualitario a nivel institucional, en sus calles la seguridad para las mujeres no se corresponde con un país igualitario.

Los crímenes sexuales han aumentado un 61% desde el 2007. Además la violencia entre bandas ha crecido (el número de víctimas por disparos se incrementó en un 50% entre 2004 y 2016) lo que afecta también de forma indirecta a la seguridad de las mujeres: la policía admite que los casos de violaciones se acumulan sin ser investigados ya que los recursos están siendo centrados en la violencia pandillera.

En Junio de este mismo año, una niña de 12 años en un pequeño pueblo de Stenungsund denunció haber sido arrastrada a unos baños públicos y violada por un chico más mayor que ella; seis semanas después la niña todavía no había sido contactada por la policía; a pesar de que ella creía que había identificado al agresor, la policía todavía no lo había interrogado.

“Tenemos casos similares” dice un portavoz de la policía local en declaraciones a la televisión pública SVT. “Somos pocos y no tenemos tiempo, tenemos víctimas de violaciones de tres años de edad” y esos casos aún siguen a la espera de investigación. El jefe de la sección de investigación de la policía de Estocolmo confirma estos problemas a la SVT, reconociendo que los homicidios y los intentos de homicidio concentran los recursos de las investigaciones, “es difícil de explicar por qué los casos de violación se acumulan esperando ser investigados, pero otros crímenes son incluso más serios; estamos forzados a elegir entre dos demonios”.

En agosto de 2016 una mujer denunció que había sido víctima de una violación múltiple por 10 hombres en Fittja a las afueras de Estocolmo. Varios sospechosos fueron identificados rápidamente gracias a las evidencias forenses pero pasó un año hasta que los arrestos fueron hechos. “Trabajo con casos de violaciones diariamente y esto es uno de los peores que he visto”, cuenta la abogada de la víctima Elisabeth Massi-Fritz. “Mi clienta ha sufrido un trauma psicológico inmenso que le acompañará por el resto de su vida”. Los sospechosos caminaron por las calles durante meses sin que la policía encontrara tiempo para arrestarlos.

“Desafortunadamente, la policía estaba demasiada ocupada y falta de recursos para trabajar en el caso hasta esta primavera. Luego varios sospechosos fueron arrestados en Junio”, explica el fiscal Markus Hankkio. Diez sospechosos han sido identificados y el juicio comenzará en Octubre. La policía admite que los mismos hombres que cometieron esta violación grupal, podrían haber cometido otras violaciones.

En Uppsala, hubo otro caso que conmocionó al país, conocido como la violación del Snapchat. Dos hombres grabaron cómo violaron a una chica y colgaron el vídeo en esta red social. Otra chica que vio el vídeo, lo guardó y se lo dijo a su madre, quien alertó a la policía. Pasaron dos meses hasta que la policía contactó con ella. Los dos sospechosos fueron detenidos y condenados, pero esto es una rara excepción en Suecia, en 2016 solo el 11% de los casos reportados por violación fueron procesados, un descenso del 20% con respecto a 2014.

Por más de una década, la percepción en Suecia era que las violaciones y delitos sexuales no se había convertido en más frecuentes a pesar de los datos, sino que los números altos eran resultados de las sendas aperturas legales que se hicieron en 2005 y 2013 para tipificar como delitos sexuales aquellos que antes no se consideraban como tales. Paradojicamente, este crecimiento en las violaciones se había incluso utilizado como equidad de género.

Hay razones para pensar que puede haber un incremento real de los delitos sexuales y no un mero aumento por razones de visibilidad. Los delitos sexuales por autoinformes doblan las tasas en los últimos 3 años (2012-2015), de un 1,4% a un 3% de la población femenina dice haber sufrido algún tipo de agresión sexual. El número de mujeres que denuncian que se sienten inseguras en su propio vecindario ha crecido un tercio, un dato “alarmante” según la agencia gubernamental Consejo Nacional Sueco para la Prevención del Crimen.

Estudios previos (de hace una década) habían mostrado una alta representación de los inmigrantes, mayoritariamente de Oriente Medio y Norte de África, entre los principales sospechosos de estos crímenes sexuales, especialmente en violaciones grupales. Según un estudio oficial de 1996, los hombres inmigrantes eran 4,5 veces más probables de cometer violaciones que los suecos. Inmigrantes de Argelia, Libia, Marruecos y Túnez estaban altamente representados, teniendo tasas de hasta 20 veces más probabilidades de cometer algún delito sexual. En total, el 53% de los sospechosos de violaciones era o de primera o segunda generación de inmigrantes.

Un estudio similar de 2005 mostró incluso una mayor sobrerrepresentación de inmigrantes como sospechosos de delitos sexuales, siendo 5,1 veces más probables que los suecos de cometer violaciones. Durante la reciente crisis de inmigrantes, Suecia ha acogido más refugiados per cápita que cualquier otro país en Europa (a 100.000 refugiados por año). Sin embargo, el vínculo exacto entre los delitos sexuales e inmigración no es conocido, ya que el gobierno sueco no actualizará sus estadísticas, y los datos que se han seguido recogiendo, no han sido dispuestos al público. En una entrevista en febrero, el Ministro de Justicia, Morgan Johansson, dijo que los hechos están disponibles en el estudio de 2005 y que no es necesaria ninguna actualización.

Desde 2005, Suecia ha absorbido un gran flujo de refugiados del norte de África y de Oriente Medio, que como hemos visto estaban sobrerrepresentados en el estudio. Si esto no ha cambiado, es de suponer que el incremento de los delitos sexuales habrían aumentado por este motivo. Por tanto, no estaríamos ante un éxito feminista, sino ante un fracaso a la hora de proteger a las mujeres.

Sin embargo no es posible un debate abierto sobre esta cuestión en Suecia. Movimientos xenófobos tanto dentro como fuera del país usan las violaciones de algunos inmigrantes como un arma política para generalizar sobre la inmigración, lo que ha hecho que se convierte en un tema muy sensible. Esto se junta con el tema de la multiculturalidad, ampliamente alabada y criticada por diferentes sectores.

Lo que sabemos de un reciente informe policial es que hay una alta representación de inmigrantes en actos de acoso a mujeres en espacios públicos, tales como los festivales de música o piscinas públicas. “Los sospechosos de estos actos llevados a cabo por un amplio grupo de agresores, en público, eran personas con nacionalidades extranjeras. En relación con los altercados en piscinas públicas, los presuntos agresores fueron principalmente chicos solicitantes de asilo” según un informe emitido por la policía esta primavera. Un estudio de 2014 mostraba que de los hombres sospechosos de violaciones en las calles de Estocolmo entre 2008 y 2009, dos tercios tenían nacionalidades extranjeras.

Según estadísticas oficiales, los tiroteos han aumentado, especialmente en las llamadas “áreas de exclusión”, zonas de inmigrantes con altas tasas de desempleo y dependientes de prestaciones sociales. En dichas áreas, los tiroteos presentan tasas hasta 5 veces superiores que en el resto de Suecia. En un informe de 2014 realizado por el economista Tino Sanandaji mostraba que el número de áreas de exclusión social aumentó de 3 en 1990 a más de 180 en 2012. La policía ha identificado 61 áreas vulnerables, donde los crímenes afectan significativamente a las comunidades.

Tampoco hay que olvidar que la propia policía reconoció haber ocultado decenas de agresiones sexuales en un festival de música el año pasado por miedo a las represalias de la ultraderecha contra inmigrantes. Además desde el 2016 la policía tiene la recomendación de no preguntar a las víctimas por el color de piel de sus agresores para no sonar racistas. Suecia se enfrenta a un problema muy grave a nivel social y parece que, por ahora, no han encontrado la solución.

 

Este artículo está traducido y adaptado de este otro: Sweden’s Sexual Assault Crisis Presents a Feminist Paradox, publicado en Quilette por la periodista sueca Paulina Neuding y que lo reproduzco con fines exclusivamente informativos.

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